El engaño, se tiñe de realidad cuando la necesidad es la protagonista. Sucumbe, el engaño, afectando el inicio de un íntimo acercamiento. Se resiente la trama emocional. Se aquietan los espacios sembrando distancias ajenas al sentir verdadero. Sentir sin nombre propio que lo represente; ausente en todo tiempo y en cada espacio. Vivir del engaño, es vivir sin verdaderos referentes que posicionen nuestros pies en el camino noble y genuino de los propósitos que sustentan y dan sentido a nuestra presencia en cada despertar.

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