En
las ausencias no hay dolor ni culpa. Hemos aprendido a mirarnos y querernos.
Hemos adormecido a la angustia y socavado el miedo. Nuestro rumbo es la
esperanza y la templanza. Nuestro propósito, alcanzar la calma e intentar ser
felices. Felices en tiempo real y tangible.
Sin adversidades ni pliegues que lo distancien. Genuino, claro y propositivo.
Sin miedos. Entonces, no nos será ajeno
sentirnos felices.
El tiempo de la felicidad, será compatible con nuestro tiempo. Seremos contemporáneos en
tiempo y forma con la felicidad.

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