martes, 25 de agosto de 2026

EL EDITORIAL “Enaltecer el espíritu o envilecer el alma”


Recorrer la realidad nos permite observar cuantas faltas se cometen sin medir las consecuencias de las mismas. Cuando recorremos la actualidad notamos que, no todo está perdido; que mucho de lo que vemos queda sujeto a nuestra interpretación, a nuestra sumisión o a nuestro interés según sea el punto de vista con el que se mire a cada hecho.  Se envilece el alma cuando la noche cubre el sentido de la luz del día. Que puede sucumbir más que la necesidad de cambiar y sostener, en el transcurrir de los días, estos acontecimientos.

Envilecida el alma, corroídos los sentidos y las decisiones, nada transcurre sobre su cauce natural. Todo se detiene. Se enmudece el ingenio y se agotan las acciones. Se silencia la palabra y nos aturden la irresponsabilidad, los sin sentidos y la soberbia de algunos pocos que creen poder actuar y ejecutar sus actos, según sus criterios o sus conveniencias por sobre el bienestar de los demás. No hay pausa que pueda ser ejecutada. Impera la indiferencia, la insensibilidad y la opaca conciencia moral que los muestra altaneros y vacíos, que los observa perfumados, pedantes y efímeros moral y afectivamente.

Y, qué hacemos con lo que vemos. Reaccionamos o actuamos según nuestros principios o, procedemos tal cual rezan las disposiciones preestablecidas. Qué nos garantizan. Sobre qué bases sustentan tamaña responsabilidad. Es sobre esta responsabilidad que asumen los compromisos necesarios. Gozarán de buena salud intelectual quienes llevarán adelante dicha responsabilidad. En este punto,  nos asombraremos o lo asociaremos como un accionar propio de cada jornada. Nos sorprendemos al protagonizar la sucesión de situaciones en las cuales se pone en riesgo la vida; nos demandará cierto tipo de interpelación o las incorporaremos al cuaderno de nuestras pésimas prácticas cotidianas.

Se envilece el alma cuando la noche cubre el sentido de la luz del día. Se enaltece el espíritu cuando las noches y los días se amalgaman cobrando el verdadero significado de sus existencias. No es más que un breve trance lo que perdura de manera amable y cordial en cada pensamiento. Enaltecer el espíritu sabiendo de su energía reivindicadora y constante. Siempre será posible cambiar desde el ideal de un espíritu claro y contemplativo. Quién puede realizar más que un espíritu generoso y humilde, pues otro espíritu hermano lo puede hacer; la hermandad de todos o de muchos pueden realizar aquellas maniobras tan necesarias para modificar los semblantes adustos y apagados de los descreídos y postergados.

Insatisfecha la mirada, el corazón será el rumbo. La necedad y el conformismo serán doblegadas por la pujanza y la grandeza de un corazón noble y honesto. Un espíritu se enaltece por el tenor de sus acciones. La nobleza, la fe y la firmeza enaltecen el espíritu y logran mayores propósitos para quienes creen en ellos. Es escaso el lugar que ocupará la miseria, la ambición, el odio y la avaricia más el espacio, abarcará las dimensiones propias de quienes la ocupen. En perfecta armonía, convivirán.

En plena libertad y autora de cada día, deambula la vida. El espíritu libre armonizará en pleno con ella. El espíritu envilecido, se sentirá incomodo, tal vez desorientado, y hasta un tanto inocente, pero tan pronto logre sentir su brillo, su mirada, será otra; sus pasos, serán cortos y precisos; no evocará sonrisa alguna pues, desde aquel instante, esbozará su propia sonrisa. Habrá llegado el nuevo tiempo. El nuevo tiempo surgirá como única prerrogativa y entonces, conoceremos el verdadero rostro de todo aquello que podemos cambiar. Se mudará la vileza del espíritu hacia otros destinos. Se mudará tan pronto y con tal conformidad que no notará el traspaso de su tiempo a una nueva realidad.

“BIENVENIDOS A LA TROMPETA” “GRACIAS, POR ESTAR AHÍ”


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