Recorrer la realidad nos permite observar cuantas faltas se cometen sin medir las consecuencias de las mismas. Cuando recorremos la actualidad notamos que, no todo está perdido; que mucho de lo que vemos queda sujeto a nuestra interpretación, a nuestra sumisión o a nuestro interés según sea el punto de vista con el que se mire a cada hecho. Se envilece el alma cuando la noche cubre el sentido de la luz del día. Que puede sucumbir más que la necesidad de cambiar y sostener, en el transcurrir de los días, estos acontecimientos.
Envilecida el alma,
corroídos los sentidos y las decisiones, nada transcurre sobre su cauce
natural. Todo se detiene. Se enmudece el ingenio y se agotan las acciones. Se
silencia la palabra y nos aturden la irresponsabilidad, los sin sentidos y la
soberbia de algunos pocos que creen poder actuar y ejecutar sus actos, según
sus criterios o sus conveniencias por sobre el bienestar de los demás. No hay
pausa que pueda ser ejecutada. Impera la indiferencia, la insensibilidad y la
opaca conciencia moral que los muestra altaneros y vacíos, que los observa
perfumados, pedantes y efímeros moral y afectivamente.
Y, qué hacemos con lo que vemos. Reaccionamos o actuamos según nuestros principios o, procedemos tal cual rezan las disposiciones preestablecidas. Qué nos garantizan. Sobre qué bases sustentan tamaña responsabilidad. Es sobre esta responsabilidad que asumen los compromisos necesarios. Gozarán de buena salud intelectual quienes llevarán adelante dicha responsabilidad. En este punto, nos asombraremos o lo asociaremos como un accionar propio de cada jornada. Nos sorprendemos al protagonizar la sucesión de situaciones en las cuales se pone en riesgo la vida; nos demandará cierto tipo de interpelación o las incorporaremos al cuaderno de nuestras pésimas prácticas cotidianas.
Se envilece el alma cuando la noche cubre el sentido de la luz del día. Se enaltece el espíritu cuando las noches y los días se amalgaman cobrando el verdadero significado de sus existencias. No es más que un breve trance lo que perdura de manera amable y cordial en cada pensamiento. Enaltecer el espíritu sabiendo de su energía reivindicadora y constante. Siempre será posible cambiar desde el ideal de un espíritu claro y contemplativo. Quién puede realizar más que un espíritu generoso y humilde, pues otro espíritu hermano lo puede hacer; la hermandad de todos o de muchos pueden realizar aquellas maniobras tan necesarias para modificar los semblantes adustos y apagados de los descreídos y postergados.
Insatisfecha la mirada, el
corazón será el rumbo. La necedad y el conformismo serán doblegadas por la
pujanza y la grandeza de un corazón noble y honesto. Un espíritu se enaltece
por el tenor de sus acciones. La nobleza, la fe y la firmeza enaltecen el
espíritu y logran mayores propósitos para quienes creen en ellos. Es escaso el
lugar que ocupará la miseria, la ambición, el odio y la avaricia más el espacio,
abarcará las dimensiones propias de quienes la ocupen. En perfecta armonía,
convivirán.
“BIENVENIDOS A LA TROMPETA” “GRACIAS, POR
ESTAR AHÍ”

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