sábado, 10 de octubre de 2026

EL EDITORIAL DEL DÍA DE LA FECHA: “CIUDADES DE DIOS”



¡En un país, donde el chamuyo garpa y “mucho” la opinión, reverdece las ideas y preserva el sentido de las palabras y de los compromisos. 
Así, se vive. Así estamos, sordos ante las carcajadas de los incapaces y ciegos de pesimismo. En este contraste una inmensa mayoría se ve atrapada. Contraste perimido, obsoleto tan primitivo como la desnudez y la mentira. Viste, vieron, la disyuntiva que existe entre las necesidades primarias de la gente y la realidad en la que viven, vivimos. Tan contundente se exhibe la paleta de grises en el despertar de cada día. Observaste, observamos por casualidad, interés o por otras tantas razones, que cuando se dice la gente en esencia se refieren a “lo que nosotros queremos” y por eso los necesitamos. Por eso los adulamos y, por eso también los postergamos. Habrá algo que logre escaparse de la garra precisa y sagaz de la ambición y la desmesura.

Grises que se suceden. Levantamanos atento al tiempo de la instrucción, de la señal que lo dirige. Levantamanos que mira, escucha y solo entonces es que se le puede alcanzar a percibir su voz. Con los comensales de siempre, el menú sabe irremediablemente “desabrido”. Por eso, posterior a cada contienda electoral, aparecen los nuevos operarios “de la nada” para ocupar espacios imaginarios por la demanda que espera y, a los que se les prometió “eso, hacer nada”. Y, es entonces y solo entonces que la ocurrencia de los impropios, debe comenzar a inventar y justificar para poder acomodar el fruto de sus promesas. Aumentar en cantidad no necesariamente refleja calidad de prestación ni servicios. La lógica del acomodo es, acomodarse de la manera más práctica y conveniente que se pueda. A la vieja usanza, como se sucede desde que el mundo tomo consciencia de lo que la vorágine del hombre puede generar, atrapar y destruir. Al ambiente ya degradado se le suma la precariedad e insolvencia de tantas instituciones. En las ciudades de Dios, cuando se llora, se lo hace por descuido y no por necesidad o desahogo.

Por “aquellos” y, por “estos”, las ciudades de Dios, sistemáticamente se degradan culturalmente, entendiendo por Cultura todo aquello que las personas construyen mancomunadamente para vivir bien; ordenados en valores; respetando las instituciones y no sometiéndolas.Claro se nos presentarán los días cuando las ideas se hermanen con el compromiso. Claro, serán los vínculos porque emanarán de genuinas intenciones; de asumidas responsabilidades, de loables y prudentes decisiones. Desde los suburbios de las conveniencias y discreciones, nada limpio y vinculante podrá aparecer. El sentimiento de soledad nos recorrerá sin contemplaciones, lamerá nuestras angustias y se jactará de haber producido llagas en cada uno de nuestros corazones.

Con instituciones manipuladas por el desprecio, el acomodo, el beneficio de las conveniencias seguirá actuando en detrimento de la defensa de las convicciones. Es poco, nada, o más de lo mismo, lo que pudiese resultar auspicioso. Seguiremos siendo atontados por el matiz de los grises que nos sacuden y nos agobian cual avalancha soberbia e impiadosa. En las ciudades de Dios se sufre y por momentos se lo hace involuntariamente. Por las ciudades de Dios el hambre de ser y la sed de pertenecer se bloquean muy a menudo. Mutuamente y en discontinuos momentos se anulan, se acusan. Se amenazan de tal manera que llegan al desconocimiento y la marginación.

En las ciudades de Dios, el impulso volverá a cobrar vida, cuando el estímulo, se haga presente no por imposición sino que lo hará por convicción, por compromiso y, con plena consciencia. Entonces el estímulo se habrá apropiado de la entereza suficiente para confrontar sabiamente con el matiz de grises que ingeniosamente despotrica, gobierna, y soslaya discrecionalmente. Quién podrá negarse. Quién o quienes dirán que no. No habrá astucia que no logre ser develada. La magia colectiva de lo espiritual y fraterno trazarán nuevos y sendos recorridos. Allá, a lo lejos se vislumbra el nuevo propósito. Aquí, bien cerca y unidos, comenzaremos a forjarlo.

“BIENVENIDOS A LA TROMPETA” “GRACIAS, POR ESTAR AHÍ”


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