miércoles, 4 de octubre de 2017

BORRADORES

Discurriendo el camino de las palabras notamos que ellas, las palabras, abrigan las emociones que nos circundan y se apropian sin pudor y con mucho esmero de nuestro pesar, de nuestro mirar y de nuestro sentir. Devenidas en nutrientes del alma y de la esperanza, nos proponen, alma y esperanza hermanadas, creer en lo que no vemos pero sentimos. Intersticios celestiales pletóricos de energía que se nos presentan de formas inusitadas y nos hablan dando forma a nuestros nombres; nos alientan con el vigor y la fuerza de la madre tierra encarnada en lo más profundo de sus intenciones; y nos orientan, hacia el camino común de nuestra esencia y de la concordia. Resquicios silenciosos y profundos que deambulan por nuestro lenguaje, que se asombran y nos advierten de los yerros cometidos pero también nos inducen a continuar cometiéndolos. 

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