En el trámite burocrático, los papeles desplazan a las urgencias de los vecinos que predispuestos a encontrar una solución a sus problemas, lo que encuentran, es un cuerpo de legisladores bien intencionados en hacer valer sus proyectos por fuera o lejos de lo que hace falta resolver en el aquí y ahora. ´
El vecino hace uso de la palabra; se manifiesta y de manera abierta expone su situación. Enfrente se encuentran sentados los legisladores, que los escuchan - creemos - los observan, pocos toman nota y así, finalizan las sesiones, pálidas como el frio de la noche que los invade o los acompaña cuando en lenta caminata retornan a sus hogares.
Reclamos sin respuestas. Burocracia instalada y bien asegurada. Contundentes argumentaciones que se debilitan ante la falta de respuestas; ante la sucesión de dichos y contradichos que no hacen más que enturbiar el ánimo de los manifestantes; ánimo tan turbio como el agua que ven salir de sus canillas cientos de vecinos de la ciudad .
Un comerciante dolido por los sucesivos hurtos sufrido en el último tiempo, esbozó: “tienen que tirar todos juntos, a lo mejor lo que les falta es hacer un ajuste de tuercas del concejo en su conjunto”. Un vecinalista invitó al cuerpo por completo a que vean las instalaciones que proveen de agua a Barrio Copello, un barrio como tantos pero tan distinto e inmerso en una triste realidad que los margina y los posterga y que por momentos, los discrimina.
En este cuadro de situación discurre la vida política en la ciudad de Capitán Bermúdez. Una comunidad cuya trama social se reciente en cada nuevo hurto cometido, ante una norma vulnerada, ante una Minuta de Comunicaciòn no respondida o, ante la indefensión resistida por la gente y también, ante la presunta presencia de quienes detentan el gobierno pero que no lo revalidan en cada nuevo día de gestión.